Vestimenta de los judíos ortodoxos

Por vestimenta judía, propiamente dicha, se pueden entender solamente dos objetos: la kippá (un pequeño gorro que cubre la nuca) y el talit (manto que se subdivide en katán y gadol, esto es, en pequeño o grande).

La kippá surgió como costumbre para establecerse luego como señal de respeto a Dios y de identificación con la nación elegida (la judía).
El talit es el modo de dar cumplimiento a un mandamiento que Dios le ha ordenado a Israel.

Ambos objetos tienen especial significado para el judaísmo en su vinculación con Dios, por lo que deben ser usados estricta y exclusivamente de acuerdo a las normas y reglas que han sido establecidas por la Torá (Palabra de Dios), y por los representantes de Dios (los rabinos consagrados de Israel).

En realidad estos objetos tienen variedad de formatos, colores, tamaños, diseños, etc.

Los judíos del este de Europa llevan un caftán negro y una gorra de piel (steimel), los judíos devotos llevan además un pequeño manto de oración (talit) sobre el traje. En determinadas oraciones en la sinagoga o en la casa, el hombre lleva filacterias, tiras de cuero en las que están sujetos pequeños recipientes con textos de la Biblia. El sombrero que se lleva durante la oración tiene forma de pequeña caperuza, casi siempre negra. En los círculos ortodoxos el tocado religioso, incluye barba larga y rizos (peiot) en la sien.

Respecto a las vestimentas negras que utilizan muchos hombres judíos, se debe a que el negro es un color pulcro.

Acerca de los rizos en los hombres, el versículo declara: "No contornéis el extremo de vuestras cabezas, y no destruyáis el extremo de vuestra barba” (Levítico 19: 27).
Aquí encontramos el precepto de no cortar al ras el cabello de los costados de la cabeza. Sin embargo, muchos acostumbran dejárselos crecer y darle forma de rulos o rizos. Solo que esto es una costumbre, y no rasurar ese sector es un mandato bíblico. El precepto del siguiente pasaje ordena agregar franjas a prendas de cuatro bordes como recordatorio de todos los mandamientos del Señor: "El Señor habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada fleco de los bordes un cordón azul. Y os servirá de fleco, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos del Señor, para cumplirlos; y no os dejéis llevar en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os corrompéis. Para que os acordéis, y hagais todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. Yo, el Señor, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, el Señor, vuestro Dios.(Números 15:37-41). Las prendas que no posean cuatro o más bordes no deben tener necesariamente los flecos especiales.

La observancia de esta mitzvá está limitada a las horas del día, debido a que enfatiza "para que cuando los veáis" (es decir, verlos). Los Sabios enseñaron que en la noche (en la oscuridad total una persona no puede ver) no rige la mitzvá de tzitzit. (Por esta razón el talit nunca se lleva en los servicios vespertinos. La única excepción es en la noche de Yom Kipur para el servicio de Kol Nidre debido a la extraordinaria santidad de esa noche).

Aunque en tiempos antiguos las prendas o vestidos de cuatro bordes eran comunes, el desarrollo de las vestimentas que no tienen cuatro bordes podría haber convertido la mitzvá en totalmente fuera de uso contando con la total confirmación de la ley. Para evitar la desaparición de una mitzvá que posee un significado simbólico tan grande (ya que sirve como un recordatorio para la observancia de todos los mandamientos), los sabios han fomentado el uso de prendas especiales de cuatro bordes, para brindar la oportunidad de observar y cumplir este mandamiento. Maimónides dice: "Aunque una persona no está obligada a comprar una prenda y envolverse en ella solamente para colocarle flecos, no es adecuado que una persona devota o pía se abstenga de observar este precepto. Debe esforzarse en vestir una prenda que exija flecos para cumplir con este precepto. Debe tenerse especial cuidado de hacer eso cuando reza" (Hiljot Tzitzitt 3-11)

El Talit, una prenda de cuatro bordes con los tzitzit requeridos por el precepto, se convirtió en la prenda tradicional que usan los hombres durante los servicios matutinos. En español se le conoce comúnmente como el taled o "manto de oraciones - Antes de envolverse en el talit, éste se sostiene con las dos manos, cuando uno está de pie, se recita la siguiente bendición: Baruj A tá, Adonai, Eloheinu, Mélel Haolam, asher kidshanu bemitzvotav; vetzivanu leitatef batzizit. Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Mundo, que nos has santificado con Tus preceptos, y nos ordenaste envolvernos en el Talit.
Los cuatro flecos (tzitzit) en los cuatro bordes del talit son lo que le otorgan su significado religioso. El resto de su diseño, sea simple o complicado, coloreado o liso, rico en símbolos religiosos judíos bordados o sin ellos, es solamente concomitante a su utilización primordial en la observación de la mitzvá de "poner tzitzit en los bordes de tus vestidos. para que cuando las veais os acordéis de todos los mandamientos del Señor.

Los flecos más pequeños que se encuentran a ambos lados de muchos talitot no son tzitzit sino solamente adornos y no tienen ningún significado particular. Para que una prenda se califique como talit, debe ser lo suficientemente ancha como para cubrir la mayor parte del busto de una persona. Un talit adecuado no es una estrecha bufanda que no cumpla con las condiciones exigidas.

No es solamente a través del talit llevado durante la plegaria que se observa la mitzvá de tzitzit. Una persona devota o pía también usará un talit pequeño (talit katán). Es una prenda de cuatro bordes que se coloca sobre los hombros, cubriendo pecho y espalda y que se lleva generalmente debajo de la camisa. De esa manera, no sólo se observa la mitzvá en el momento de la oración, sino también durante todo el día.

El talit katán se denomina a veces arbá kanfot, que significa "cuatro bordes" y que describe el tipo de prenda que es (El talit latán, así como el talit común y todos los otros elementos rituales y libros sagrados, pueden adquirirse en cualquier negocio de artículos de culto judíos).

La bendición que se pronuncia antes de colocarse el talit katán es: Baruj atá, Adonai, Eloheinu Mélej Haolam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al mitzvat tzitzit Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, que nos has santificado con Tus mandamientos y nos ordenaste lo concerniente a la mitzvá de tzitzit. También esta bendición se dice solamente durante el día y no a la noche

Cuando los tzitzit o aún uno de los cuatro bordes de un talit o talit katán se rompen o desgarran; deben ser extraídos y reemplazados los tzitzit. Esto debe solicitarse de una persona que sepa como atar los tzitzit en sus cuatro bordes.

Las instrucciones específicas acerca de como deben estar los tzitzit atados al talit no se encuentran en la Torá escrita, pero fueron transmitidas por la Torá Oral. El Shulján Aruj lo describe en detalle. Existen muchos significados simbólicos y místicos implícitos en el procedimiento. Por ejemplo, las treinta y nueve vueltas que se hacen en la confección de cada uno de los cuatro flecos, equivalen al valor numérico de las palabras hebreas para "El Señor es Uno".

Según el mandamiento de Tora uno debe llevarse Tzitzit (franjas) en las esquinas de su garments como un recordatorio de providencia y las leyes y mandamientos (Números 15:37-41). Hay un procedimiento complejo para atar los nudos del Tzitzit, lleno de la importancia religiosa y numerological.
 

Esta ropa es publicada (emitida) a los soldados IDF (el Ejército permanente del estado judío) que desean guardar (mantener) el mandamiento del Tzitzit.


Sobre la obligación de cubrirse la cabeza


Los sombreros son parte del atuendo general del hombre. Antes de tratar el tema de la cobertura de la cabeza, sería conveniente considerar en primer lugar el origen y la importancia de la indumentaria humana en general.

Según la opinión de muchos científicos, se cree que la vestimenta del hombre fue originada por dos motivos: (a) como protección contra las condiciones climáticas (calor, frío, lluvia, etc.), y más adelante también (b) con fines ornamentales.

Sin embargo, al estudiar el tema con mayor detenimiento, parecería que este punto de vista “científico” es sumamente dudoso. Si bien la cuna de la raza humana estuvo ubicada en un lugar donde las condiciones climáticas eran ideales, aún en esos lejanos días se llevaban prendas de vestir, por lo que no es válida la explicación del uso de vestimenta debido al clima.

Según la Torá, la indumentaria tiene un origen muy diferente. La Torá, nos informa que cuando fueron creados los primeros seres humanos, Adán y Eva, no necesitaban vestimenta alguna y “no estaban avergonzados”. Pero, después de su pecado con el Árbol del Conocimiento, “ellos tuvieron conciencia que estaban desnudos“, y se proveyeron de ropas para cubrir sus cuerpos.

Maimónides explica este cambio radical del enfoque de los primeros seres humanos. Su explicación es citada en la literatura de Jabad, lo que aclara aún más este tema. Brevemente es como sigue:

El Hombre fue creado como un ser intrínsicamente bueno, sin ninguna característica de maldad. Carecía de tendencia hacia el mal ni sentía deseo alguno hacia los placeres físicos. Por lo tanto, todos los órganos y partes del cuerpo le resultaban iguales, cada uno de ellos cumpliendo con su rol de llevar a cabo la misión Divina del hombre en este mundo. El sentimiento de la vergüenza resultaba ajeno a la pureza de su mente. Así como no existiría motivo alguno de vergüenza por enseñarle la Torá a alguien, una acción que ha sido comparada a la de engendrar espiritualmente a una criatura, tampoco sería motivo de vergüenza el engendrar físicamente una criatura, ya que en esa acción el hombre estaba cumpliendo con el mandamiento Divino de “Creced y Multiplicaos”. En ambos casos, la indulgencia frente al placer físico estaba descartada, ya que hay una sola consideración a tener en cuenta: el cumplimiento de la Voluntad Divina.

Después del pecado del Árbol del Conocimiento, nació en el hombre la percepción del placer físico, del cual antes no tenía conciencia, cuando su individualidad espiritual era la que predominaba de manera absoluta. El bien ya no lo era de manera pura en su mente contaminada. Vio que ciertas partes del cuerpo estaban más directamente asociadas al sentimiento del placer físico. Había dos razones por las que la exposición de esas partes del cuerpo ahora le producía un sentimiento de vergüenza: en primer término, porque esas partes del cuerpo eran un recordatorio de la humillante caída del hombre en poder del deseo y, en segundo lugar, porque eran una fuente de tentación. Por estos motivos, el hombre se sintió avergonzado de su desnudez y quiso cubrir su cuerpo.

Desde este enfoque, a primera vista parecería que el sentimiento de vergüenza ciertamente no sería aplicable a la cabeza, el centro del intelecto, la posesión más preciada del ser humano, aquello que lo distingue de las especies inferiores de los animales. ¿Acaso no es el intelecto la cúspide de toda la creación?

Con seguridad, el hombre que cree que en el universo no existe nada superior a su intelecto, consideraría una contradicción cubrir su cabeza, el centro de su intelecto, su orgullo y más preciada posesión.

Sin embargo, el hombre que cree en Di-s tiene una concepción diferente de la condición humana. Sabemos que a pesar de su capacidad intelectual, el hombre es un ser muy humilde; nos damos cuenta que lamentablemente el propio intelecto, lejos de sacarnos del lodo de la tentación, a menudo se ve influido por éste y actúa como su cómplice. Aún aquél que no pertenece a esta categoría, siente vergüenza debido a la insignificancia que incluso su intelecto tiene en el reino de lo Divino.

Por consiguiente, no son solamente las partes inferiores del cuerpo las que son testigo de la caída del hombre, sino incluso la cabeza que alberga el intelecto y, quizás, en una medida mayor aún. Y digo “mayor aún”, ya que el fracaso del intelecto constituye el mayor fracaso del hombre. Porque, en tanto un niño inmaduro puede no ser completamente responsable de sus acciones, la persona madura no tiene disculpa. Es así con respecto a las propias facultades del hombre: el fracaso de la facultad más importante es el mayor de los fracasos.

Cuanto más conscientes somos de nuestra responsabilidad intelectual, tanto mayor debe ser nuestro sentimiento de vergüenza al no poder cumplir cabalmente con dicha responsabilidad. Para el judío, el intelecto y el conocimiento, lejos de brindarle un sentimiento de orgullo, le dan un sentimiento de humildad, ya que le han sido otorgados por Di-scon fines más elevados y sagrados. En tanto él no cumpla totalmente con estos propósitos, el hombre común siempre tendrá un sentimiento de vergüenza. Aun el hombre más justo no puede estar libre de un sentimiento de vergüenza ya que, al ser más consciente de la presencia de D-os, cada paso intelectual hacia adelante lo va acercando a la comprensión de cuán inconmensurablemente insignificante es su intelecto en presencia del Infinito, puesto que “el punto culminante del conocimiento (de D-os) es darse cuenta que no sabemos”.

Por lo tanto, llevar siempre cubierta la cabeza, es una demostración de nuestra conciencia que hay algo que está infinitamente por encima de nuestro intelecto, y simboliza nuestra humildad y sentimiento de vergüenza en presencia de Di-s(Irat Shamaim).

Fuentes  

2 comentarios:

pr.carlos matanza dijo...

MUY BIEN EXPUESTO SALUDOS Y SHALOM ME ENCANTO GRACIAS

Aracely Acosta dijo...

Gracias por la información.